En Extremadura, al menos un 15% de los edificios presentan concentraciones elevadas de radón, un gas radiactivo que constituye un riesgo silencioso para la salud de los trabajadores. «El radón es un producto natural procedente de la desintegración de los componentes radiactivos del suelo, como el uranio y el torio. Es inodoro e incoloro y, por lo tanto, difícil de detectar salvo con aparatos especializados», explica María Ángeles Ramos, gerente de la Fundación Laboral de la Construcción.
Este gas, con una vida media de apenas 3,8 días, se desintegra en otros elementos radiactivos que pueden adherirse al polvo en suspensión e ingresar al organismo al respirar. «El órgano principal expuesto son los pulmones —advierte Ramos— y es más peligroso en lugares de poca ventilación y con polvo de pequeño tamaño».
En Extremadura, la exposición al radón está regulada principalmente por el Real Decreto 1029/2022, que obliga a medir la concentración en lugares de trabajo situados en plantas bajas o subterráneas, minas, túneles o espacios donde se utilice agua subterránea, como balnearios o spas. Además, el Código Técnico de la Edificación (CTE) recoge medidas específicas para nuevas construcciones en zonas con alto potencial de radón.
FUENTE: https://www.elperiodicoextremadura.com/




























