La construcción afronta un desajuste creciente entre salidas y entradas de trabajadores. Datos recientes de la Plataforma Tecnológica Española de Construcción sitúan en el 22 % el porcentaje de profesionales que se jubilará en la próxima década, en un sector donde el 90 % ya supera los 30 años. El foco, sin embargo, no está solo en la edad, sino en la dificultad para incorporar y retener perfiles cualificados.
El modelo tradicional —aprendizaje en obra y carrera prolongada— ha perdido peso. El mercado laboral es hoy más flexible y competitivo, y las nuevas generaciones priorizan condiciones, desarrollo y conciliación. A esto se suma una percepción menos atractiva del trabajo físico, pese a los avances en digitalización e industrialización. El resultado: más rotación y menor fidelización.
En paralelo, la dependencia de la inversión pública y el peso del precio en la contratación presionan los márgenes. Eso limita la mejora de condiciones, cerrando un círculo que complica atraer talento.
Para el sector, la consecuencia es directa: sin reforzar productividad, formación práctica y posicionamiento profesional, la ejecución de obra —y con ella proyectos de vivienda e infraestructuras— queda condicionada a una oferta laboral cada vez más escasa.
Fuente: inmodiario.com
